El
alma provisional del Caribe
Los
parámetros europeos son a veces insuficientes para comprender la realidad del
trópico
MAURICIO VICENT El País
La
Habana 15 OCT
2005
Dejemos por un momento la política: es imposible entender Cuba y a los
cubanos fuera de su contexto caribeño. A esta región, es sabido, llegaron en
tromba españoles, ingleses, holandeses, franceses; y con ellos, africanos
esclavos, tan diversos como los europeos, traídos de Congo, de Nigeria, de
Angola, en el Atlántico, y también de los puertos de Zanzíbar y Mozambique, en
el océano Índico. En apenas cuatro siglos se reunieron en esta isla de
extensión un poco mayor que Andalucía, indios precolombinos, negros, blancos y
también una importante emigración china. Este ajiaco de razas y culturas,
batido por la fuerza del mar y de los huracanes, es el fundamento del Caribe:
mezcla, explosión de colores, provisionalidad, humo de tabaco, pulsiones,
fantasía, magia negra.
Hace algún
tiempo, antes de comenzar una entrevista sobre música, el escritor colombiano
Gabriel García Márquez me pedía "aparcar" el "eurocentrismo"
si en verdad quería comprender algo. Se asombraba Gabo de que a los europeos
nos asombrara tanto el realismo mágico: "Para nosotros es realismo
simplemente, sin adjetivos".
Según el premio Nobel, "los europeos, y sobre todo los
cartesianos, han creado unos márgenes para la realidad tan estrechos que lo que
no cabe dentro de eso, no lo creen, consideran que es totalmente inverosímil, y
aun cuando lo están viendo les queda al menos la sospecha de que no es
así". "En el Caribe", afirmaba, "no existen esos límites,
nosotros creemos que la realidad va muchísimo más allá de las fronteras que les
han puesto los europeos".
Otro Nobel de Literatura, Derek Walcott, también caribeño, ha
intentado explicar cómo en esta parte del mundo "el tiempo está influido
por la ausencia de estaciones". "Vivimos en un eterno verano. La idea
del fin, la idea de la muerte, la idea de la historia, todo está influido por
esa irrealidad del calendario. Nosotros no dividimos, y esto hace que nuestra
actitud, nuestra forma de vida sea más exuberante, más alegre. La idea europea
de lo que es ilógico, del tiempo, en definitiva, de la historia, no es
aplicable a nuestro contexto, a la geografía y a la historia del Caribe".
Tanto Walcott como García Márquez vienen a advertir de que cuando
desde Europa nos acercamos a la realidad caribeña, muchas veces lo hacemos con
prejuicios, tratando de aplicar patrones europeos a circunstancias que se nos
escapan. En la literatura es evidente el desfase. A los de por acá les es mucho
más fácil creer que por una maldición de familia alguien nazca con rabo de
cerdo, o que un esclavo acorralado puede convertirse en pájaro para huir de sus
persecutores. Y lo mismo pasa con la vida.
En Cuba, que es Caribe al cuadrado, con socialismo y partido único
incluidos, un ministro de Relaciones Exteriores recurre a la brujería para
entrar al politburó del Partido Comunista, por definición marxista-leninista y
ateo, y nadie se sorprende. Del mismo modo, vivir en una región que es azotada
periódicamente por huracanes y por tormentas sociales de fuerza no menos
devastadora, genera una psicología peculiar. En el Caribe y en Cuba, donde la
temporada ciclónica comienza en mayo y el peligro no se esfuma hasta noviembre,
siempre estás a expensas de perderlo todo, si no es este año puede ser el
próximo. No depende de uno evitarlo.
Esto afecta tanto a las personas como a las políticas de Estado, y
hace que en toda planificación se deje un margen amplio a la improvisación. Que
se viva el momento presente como si fuera el último, sin preocuparse demasiado
de mañana. Por un lado, esto es fuente de fuerza: siempre hay que estar listo
para empezar de cero sin que ello signifique el fin del mundo. Por otro, es
debilidad: hace que la gente se conforme y se acomode a lo que venga, como si
fuera imposible tratar de cambiar la realidad, y tampoco mereciera la pena
protestar, ni intentarlo.
Cuba es una isla en el Caribe. Las islas de las Antillanas, y también
México, Belice, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, Colombia y Venezuela
comparten ese mismo mar, en el que todo es provisional aunque nada cambie en
cincuenta años. Con independencia de valoraciones éticas o políticas sobre el
sistema de un determinado país, lo que dicen García Márquez y Walcott es que
para comprender el alma del Caribe hay que aprender a mirar la realidad de otro
modo. No se trata de justificaciones, es una cuestión de perspectivas.