Solo, en el sofá de su mansión de Dubái, el astro del fútbol argentino ha encontrado al fin la paz
Sin alcohol ni cocaína, el embajador del deporte de Emiratos Árabes llena su vacío con fútbol televisado, humo de habanos, pachangas con otros funcionarios y visitas de su novia de 22 años
Atado a las tres mujeres de su vida, despojado de su identidad, vive resignado, pero en su lugar
Maradona durante un partido de su equipo, el Al-Wasl, en Abu Dhabi en septiembre de 2011. / AFP (KARIM SAHIB)
—¡Diego! ¡Querido! ¡El pueblo está contigo! / ¡Diego! ¡Querido! ¡El pueblo…!
Las primeras bocanadas de aire que respiró al poner el pie en la tierra de la Barrick Gold, los K y los piquetes estuvieron cargadas de trueno popular. En la Argentina contemporánea, ídolos y villanos se abocan a la aparición repentina de barras bravas. A unos les aplican la cadena, la pistola o el sopapo. A otros les regalan su coreografía, su música. Al hombre de la camiseta azul le trataron como a un verdadero líder, pero su reacción fue dar media vuelta y echar a correr arrastrando tras de sí a la muchacha rubia. Presa del pánico.